¿Qué tan loco hay que estar para ser feliz?

Esta es la pregunta que obligatoriamente tendríamos que hacernos al ver la puesta en escena Chico Loco de Eloy Mora y de la compañía Teatro Urbano.

Chico Loco es un monólogo de comedia escrito por el dramaturgo Eduardo Zúñiga, ganador del Premio Nacional de Dramaturgia en el 2007, una presentación que explora toda clase de sentimientos, desde la comedia hasta la ternura y la tristeza.

El monólogo representa la vida, alegrías y tribulaciones que ha sufrido Chico Loco, un joven que ni su propia madre lo quería, una obra que sin duda causara risas además de momentos de ternura y hasta de impotencia.

"Chico loco se oculta detrás de una comedia pero si observan bien todo lo que le sucede a Chico Loco es trágico" expresó Eloy Mora, único actor en la obra.

En el momento que inicia la obra da la sensación de no ser de gran calidad, sin embargo en pocos minutos se evidencia el gran esfuerzo y empeño que Eloy Mora puso en su personaje, en una actuación extremadamente física, donde el brinca, corre, se desploma en el suelo, se golpea y llora.

Tomando en cuenta los pocos accesorios de escenografía y de espacio, la obra representa una gran exigencia para las habilidades de cualquier actor y Eloy lo logra con gran facilidad y fluidez

Nadie puede poner en tela de duda, la capacidad que tiene Eloy como actor, es incansable en su labor de hacer reír, y en cambiar los momentos en cada persona que está en el publico, incluso podía oír a una joven diciendo, "¡no, no llore!"

"El personaje ha tenido una metamorfosis de la que estoy muy orgulloso, en cada pueblo hay un “chico loco”, espero que todos puedan recordarlo al ver esta obra y que ayude también a dar el respeto que cada uno de estos personajes se merece".
Eloy Mora

La obra resalta como es la vida de un costarricense y representa como actúa el pueblo costarricense, su idiosincrasia y costumbres que incluso a muchos los transportaran a la niñez que pudieron haber vivido años atrás.

Sin ser una sexy-comedia, ni vulgar, hace reír, y hace reír bastante, además de tener una infinidad de matices, contando como desde que nació ni su madre lo quería, la inocencia y ternura cuando esta con la prostituta del pueblo, comedia al satirizar los medios de comunicación y la nobleza que demuestra siendo bombero y policía encubierto.

El trabajo desde la cabina de Karina Conejo es simplemente espectacular se nota el gran vínculo y química que tiene con Eloy, facilita enormemente las labores extremas de Eloy y sin duda ayuda a imaginarnos un poco más fácil los sentimientos que puede sufrir Chico Loco.

Es una obra que invita al espectador a hacerse una revisión interna profunda, y a revisar las actitudes que tiene cada uno de nosotros hacia la vida y como enfrentamos cada problema, cerrando la obra de forma emotiva y solo se escuchan los aplausos que llenan la Sala de la Calle 15.

Fuente Revista electronica http://puestaenescena.cr/
Crítica de teatro

Chicolocadas. Eloy Mora es buen actor

WÍLLIAM VENEGAS | wvenegas@nacion.com

El reposo es movimiento. Así es, el reposo es solo una forma de movimiento, necesaria muchas veces. Esto es lo que no entienden Andrés Montero, director, ni Eloy Mora, actor, con la puesta en escena del trabajo unipersonal cuya dramaturgia se le adjudica a Eduardo Zúñiga.

Se trata de un texto con mucha picardía donde Eloy Mora se empapa de sudor por el excesivo movimiento que se le ha impuesto a la estructuración escénica del monólogo. La obra se titula Chico Loco , y de verdad el actor brinca, corre, se mueve, gira, cae y se levanta, en constante acción, como en un thrillercinematográfico. Es incansable la febrilidad que se le mete al personaje.

Sin embargo, ya lo sabemos, el exceso no es prudente: tanto ir y venir con parlamentos dichos a velocidad de metralleta resulta no solo distractor, sino que lo agota a uno, ahí sentado como espectador. Es como tener un aula con solo niños hiperactivos, por lo que resultan necesarios algunos paréntesis de sosiego.

Chico Loco , la obra, es la historia de un personaje nacido con alguna discapacidad y con algún retraso cognoscitivo, sin análisis sobre dichas disfuncionalidades. Más bien, a partir de un discutible concepto de “anormalidad” se construye una comedia, a ratos humorosa, a ratos tierna (es cierto), pero resbaladiza con el concepto mentado. Por eso, el texto y la puesta en escena (según es mostrado el personaje) siempre están al filo de la navaja.

Lo que queda son los vericuetos de distintas historias que le suceden a Chico, desde que es ayudante en un acto circense, y quien repasa su vida ante un público con el cual participa (nosotros). El actor Eloy Mora es inagotable con dicho personaje e, incluso, se desdobla en otros, por lo que él establece diálogos muy bien marcados desde sus diferentes interlocutores.

No hay duda de que Eloy Mora es muy buen actor, demostrado en este acto incansable de “chicolocadas”, con energía sin pausa, con convicción en lo que hace y representa y con pocos elementos escenográficos o de utilería a su favor. Hay situaciones más humorosas que otras en esta comedia ternurista, como ver a Chico convertido en policía encubierto.

Hay calidez, como en la visita de Chico a la prostituta del barrio; hay sátira sobre los medios de comunicación cuando lo vemos como corresponsal de prensa o de locutor deportivo; hay escepticismo cuando decide ser astronauta; hay romance poético cuando se enamora de la loca del internado y se escapan juntos; hay misticismo en los bailes para la lluvia con Chico abandonado en un grupo de indígenas.

Hay nobleza con Chico como bombero; hay ingenuidad cuando Chico señala como otro a su padre biológico; hay alegría cuando participa con los gigantes y cabezudos. En fin, no existe una fábula, solo hay relatos que establecen un historial. Lo vemos con la ardua capacidad de Eloy Mora y con el buen trabajo en cabina de la actriz Ruth Picado, en el control de luces, sonidos, música… de todo. El público aplaude con gusto.